Joven Boliviano destinado a ser ganadero, eligió ser presentador.

Es uno de los conductores más cotizados de la televisión nacional. Ahora incursiona también como productor. Su rebeldía lo condujo a abrirse espacio en los medios.

Muy joven decidió dejar Santa Cruz para estudiar Agronomía en Trinidad y seguir con la herencia familiar como ganadero. Sin embargo, aquel mal estudiante que se aplazaba “hasta en los recreos” tenía otro destino: ser presentador de televisión. 

Ronico Cuéllar es sinónimo de entretenimiento y diversión, a lo largo de más de una década ha construido una carrera como conductor, actor, radialista y otros oficios propios de un artista. 

Hace poco se unió a la Red Uno para presentar el programa “The Narigón Show”, una coproducción entre el medio y él. Luego de un año fuera de las pantallas, la oferta de incursionar como productor, además de presentador, lo cautivó y lo animó a reencontrarse con su público. Ahora también es parte de “El Mañanero”. 

Pero, detrás de una carrera exitosa y consolidada hay una vida construida con base a talento innato, rebeldía y, quizás, un golpe de destino prefijado, como relata en esta entrevista con ASÍ. 

Cuellar en compañía de sus padres.

DE SAN BORJA A SANTA CRUZ 

Cuéllar es el segundo de cuatro hermanos, de padre qhochala y madre beniana. Nació en Santa Cruz, pero se crió en el Beni, por eso siente su corazón muy cerca de ese departamento. 

Su nombre es Ronald, pero desde que era bebé lo llamaban Ronico y ese apodo se volvió su sello personal. Su tío paterno fue el que lo bautizó así, en honor a su hermano Rony, papá del presentador. 

Cuenta que tiene los mejores recuerdos de su pueblo, San Borja, donde jugaba en la calle, era amiguero y travieso. Se mantuvo ahí hasta entrar a la secundaria. Luego, su mamá decidió volver a Santa Cruz, donde pasó al colegio Los Olivos y después a San Agustín.

Una de las anécdotas que más recuerda y que marcó su vida fue cuando perdió el año en la promoción, así que lo llevaron al establecimiento fiscal “Juan Laborde Morel”, de donde salió bachiller, en 2003. “Me enseñó a conocer gente muy linda, muy humilde. Me dio calle, me abrió el panorama, un mundo de cosas que a veces no se ve. Fue una linda experiencia que yo creo que fue planeada por Dios para que pueda conocer un poco más de lo que es la gente”, describe.

Con ese tropiezo en su formación académica, Cuéllar quiso reivindicarse con su familia y seguir el trabajo familiar. Su papá tenía unas tierras ganaderas en el Beni y sus abuelos, paternos y maternos, se dedicaban a la crianza de vacas. “Pensé que tenía que estudiar algo para complacer un poco a mi familia. Por eso me fui a Trinidad a estudiar Agronomía. Me aplazaba hasta en recreo y volví a Santa Cruz porque estaba desperdiciando el tiempo”. 

Ronico cuenta que nunca pudo decantarse por la carrera, pese a intentar casi cuatro años. “Hice como cuatro semestres, no me gustó, volví a Santa Cruz y decidí hablar con mis padres para decirles que yo quería estudiar Comunicación Social. Mi papá me dijo ‘si te querés morir de hambre, metele, estudia’”. 

De esa forma ingresó a Udabol y comenzó a adentrarse en el medio. “Yo apuntaba a un periodismo investigativo, como el que hacía Carlos Valverde, me gustaba mucho su trabajo. Así que entré a Comunicación pensando que yo podía irme por esa rama hasta que me llamaron para hacer  notas y mi vida cambió totalmente”. 

Solo llegó hasta séptimo semestre. No pudo terminar la carrera porque empezó a trabajar. “Uno siempre dice que va a retomar, pero viene más y más trabajo. Está entre los planes hacerlo, sobre todo ahora que hay clases semipresenciales. Así que es una cosa que tengo que retomar, ya no tanto por mí, sino por mi hijo, con qué cara le voy a pedir que estudie. Me va a tocar reanudar eso”. cuenta. 

Ronico recuerda que toda su juventud se caracterizó por ser rebelde, extrovertido, pero de corazón noble. Aunque al principio su familia no apoyó su carrera, hoy la respetan y valoran. 

INICIOS COMO PRESENTADOR

Su primera oportunidad en la televisión se dio en 2007, de la mano de Carlos Valverde y el programa “Quién nos creemos que somos”, en el que Grisel Quiroga era la conductora y él era reportero. 

Grisel Quiroga, Ronico Cuellar y su hijo Lucas.

Se mantuvo ahí durante dos años hasta que en 2009 pasó a Unitel, red en la que permaneció durante 10 años. Fue parte de programas como “La Revista”, “Calle 7”, “Yo me llamo” y “Dar la nota”; además, protagonizó la novela “Despéiname la Vida”.

“Mi experiencia ha sido muy satisfactoria, no podría decir lo contrario. Tuve la suerte de jugar en primera, como se dice. Tuve la dicha de estar en uno de los canales más grandes de la televisión boliviana y la escuela que me dio Unitel por su puesto que la reconozco. Han sido años aprendiendo, desde los primeros pasos hasta los últimos días”. 

Cuéllar asegura que fue mejorando con el tiempo. Lo suyo siempre fue el humor. “Toda la escuela que me dio la red Unitel, más las que yo conseguí, formaron el Ronico de hoy y no sé si he terminado de formarme, espero que no, quiero seguir adaptándome a las nuevas versiones de Ronico que yo quisiera tener”, dice. 

LA PLENITUD DEL AHORA

Luego de renunciar a Unitel dedicó su tiempo a su familia, amigos y a él mismo. Pudo viajar a diferentes partes del mundo y relajarse. Sin embargo, como al resto de las personas, la pandemia lo privó a hacer otras actividades, pero, por otra parte, despertó su lado más solidario. 

Rápidamente comenzaron a llegar los pedidos de ayuda y él no volcó la cara. Reunió donaciones, alrededor de 14 mil dólares, y entregó medicamentos, trajes de bioseguridad, alimentos y otras cosas que las personas necesitaban, sobre todo en el Beni. Visitó San Ramón, Santa Ana de Yacuma y San Borja.

Ronico cuenta que disfruta mucho el momento que vive ahora. Luego de tantos cambios se encuentra pleno junto a su familia y, sobre todo, a Lucas, el hijo que comparte con Grisel Quiroga.

Aún no encontró una pareja con quien formar una familia. Pese a que está en sus planes, se mantiene tranquilo al respecto. 

Por coincidencias de la vida, nuevamente comparte canal con Quiroga, una dupla querida a nivel nacional. Pese a que tuvieron problemas, ahora son un ejemplo de la relación que se puede llevar con una expareja. 

Ronico asegura que vive a pleno la nueva etapa de su carrera y se siente bien consigo mismo. “Cuando pensé que ya llegaba el momento de hacerse a un lado y ver proyectos que no tengan que ver con tele, se da la oportunidad de que ahora sea anfitrión en un programa que tiene mucho que ver conmigo. Tengo hambre de seguir innovándome, sorprendiéndome a mí mismo, y si no logro hacerlo y es el inicio de una carrera que está comenzando a acabar, quiero mirar para atrás y decir que intente alargarlo y disfrutarlo lo más que pude”, finaliza.   

“Pensé que tenía que estudiar algo para complacer un poco a mi familia. Por eso me fui a Trinidad a estudiar Agronomía. Me aplazaba hasta en recreo. Hice como cuatro semestres, no me gustó, volví a Santa Cruz y decidí hablar con mis padres para decirles que yo quería estudiar Comunicación Social. Mi papá me dijo ‘si te querés morir de hambre, metele, estudia’”, cuenta Cuéllar”.

Cortesía: Opinión.com.bo

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